Chaouen es un tipo singular. Sale al escenario y parece que está dormido, que no se entera. A uno le queda la duda de si su “empanada mental” es fruto de una cena cargadita de esas sustancias que tanto busca en sus canciones, o si un lunes por la mañana se comportará de la misma manera. El caso es que con cada uno de sus comentarios, entre canción y canción, Carlos Chaouen se mete al público en el bolsillo.
Anoche tocó en la Sala Galileo Galilei, uno de esos locales madrileños donde se puede escuchar buena música en directo a buen precio, tomando una copa y sentado con tus amigos o tu pareja.
Cuando se asiste a un concierto de alguien que acaba de presentar un disco, uno siempre teme que el artista olvide tocar lo temas más antiguos, que falten las canciones de siempre. Esta vez Chaouen intercaló durante todo el concierto partituras de sus cuatro discos, aunque como es lógico, predominaron las del último. Eché de menos mi favorita, Pintando en el Cielo, y quizá alguna otra, pero nunca llueve a gusto de todos.
Fueron dos horas de buena música y complicidad con el público, que cantó una estrofa entera en Me pintao. Hubo partes muy eléctricas, y otras en las que tocó con la única compañía de su guitarra. Personalmente, me quedo con las del segundo grupo. De hecho, no me gusta demasiado la banda con la que actúa. El bajista cumple, pasa desapercibido. La guitarra eléctrica, con su boina de otros conciertos, es quizá un poco recargada, pero estuvo mejor que el último concierto al que asistí en la sala Arena, y además hace la voz alta en los estribillos. Pero la batería es el punto flaco, por dos razones. Primero, porque a mi entender no está bien planificada en muchas canciones, y segundo, porque a la persona encargada de tocarla, se le fue la mano más de una vez. A mí me gustaría ver a Carlos Chaouen con otro tipo de banda menos rockera, más versátil, y sobre todo, con una percusión mucho más rica y sutil y una dirección musical menos anárquica.
Pero estos pequeños detalles no deben empañar el resultado final, un concierto donde las geniales letras y músicas de este treintañero gaditano nos hicieron disfrutar enormemente. Cuando sonaron Vente (silencio sepulcral) o Semilla en la tierra, a más de uno se le pusieron los pelos de punta, y se alcanzaron sendos momentos álgidos con Me Pintao y Bosque Lejano, las más aclamadas por el público. Los que menos conciertos habían vivido, demostraron que al menos han escuchado la radio en el último mes y conocían Agua y horizonte (single de su último trabajo, Totem) o No me canso (que en la boca de Ana Torroja no suena igual de bien).
Buen concierto en buen local.
Me presento en Más Te Digo por primera vez, estrenando esta nueva categoría de la que espero participen todos los miembros de la comunidad cada vez que conozcan o asistan a algún evento relacionado con el mundo del espectáculo y la comunicación
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