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¿Queremos una blogosfera meritocrática?

Noviembre 22nd, 2006

“Entonces, el verdadero arquetipo que desaparecerá en pocos años no es el del escritor a secas, sino el del escritor fracasado que no tiene la culpa de nada; aquel que se pasa la vida quejándose de las editoriales porque rechazan sus manuscritos; ése que muere creyendo que, si le hubiesen dado la oportunidad, habría tenido mejor fortuna. Porque, por primera vez en la historia de la literatura contemporánea, todos los narradores tienen hoy las mismas veintisiete letras del alfabeto, un idéntico escaparate para darse a conocer y un público potencial de millones de personas esperando a leer algo que les cambie la vida o les entretenga la tarde. El éxito y el fracaso, por fin, tendrán que ver exclusivamente con el talento.”

Este es el párrafo final del artículo que escribió hace casi un año para el cuaderno central de la revista Telos, un ejemplar mítico en la blogosfera que contiene un puñado de escritos interesantes sobre el “fenómeno blog”. El artículo en cuestión trata sobre las posibilidades que el formato aporta a la creación literaria, pero la causa por la que lo traigo a colación es que este último párrafo me da pie para hablar de un “run run” que hace tiempo se escucha en la blogosfera, de uno de los lugares comunes que suelen aparecer en los análisis y en las listas de características del formato: el de la blogosfera como una meritocracia. Y lo que es peor, la apreciación impuesta de que esto además de ser así es una característica positiva.

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Empecemos por definir un término que a menudo se utiliza sin tener demasiado claro que significa. Se supone que la meritocracia se refiere a la forma de gobierno basada en el mérito y su significado suele aparecer vinculado al sistema educativo y a la competencia dentro de él como campo de batalla que ha de determinar la mayor o menor preeminencia social.

El término es bastante reciente, aparece por primera vez en “La ascensión de la meritocracia” de Michael Young. El autor hizo una proyección satírica hacia el futuro, situándose en una sociedad meritocrática (hacia la que el entendía estábamos encaminados) con el fin de criticarla. Lamentablemente muchos se tomaron la letra impresa de manera literal y el autor no parece muy contento por ello.

La meritocracia es útil para la distribución de puestos en un sistema muy concreto (la carrera funcionarial) pero resulta injusto a la hora de establecer un orden social, entonces no es más que una puesta al día de la vieja trampa que es el concepto de igualdad liberal que afirma una igualdad de oportunidades que realmente no existe en cuanto tenemos en cuenta una variable tan poco despreciable como el entorno (todo lo que no es ley ni genética, vaya).

Dice Young que la nueva clase meritocrática, salida de universidades y escuelas, se reproduce a si misma en tanto en cuanto tiene todos los medios a su alcance. Yo iría un poco más allá, no existe nueva clase, sino la misma clase (identificable con la vieja burguesía) y un puñado de excepciones de desclasados ensalzados por la clase dominante como coartada de su ficción de movilidad social.

Habla también Young del hecho de que las clases más pobres son ahora doblemente marginadas dado que el sistema educativo les ha inculcado esa ideología liberal de la igualdad. Han tenido las mismas oportunidades que todos los demás y no lo han conseguido, luego son unos fracasados. Tenemos así una masa trabajadora desmotivada, desideologizada, sumisa y sin conciencia de clase alguna.

De la misma manera que la educación oficial opera sobre las clases bajas, este tipo de “programación” afecta también a las clases dirigentes de la sociedad (y al decir dirigentes no me refiero exclusivamente a las clases políticas), afirmándoles en que dado que están en la cima de la sociedad exclusivamente por sus méritos (son la polla) pueden pasar por encima de cualquier cosa para lograr sus propósitos. Una legitimación peligrosa que ya estamos sufriendo en nuestras sociedades actuales.

Ahora, después de poner en limpio mis ideas más arriba, tengo claro que es la Meritocracia y que para mi no precisamente el sistema de ordenación social ideal. Pero ¿es la blogosfera una meritocracia? ¿debería serlo?

Desgraciadamente un vistazo a los sucesivos rankings que tanto les gusta hacer a los bloggers deja la sensación de que la movilidad en los blogs más reconocidos es más bien pequeña, estos son masivamente enlazados entre si y por los blogs más pequeños, tengan sus post interés o no los tengan; los blogs “A” no acostumbran a mantener conversaciones cruzadas más que con otros blogs de su clase, de su mérito (enlaces, visitas). El mérito de este entorno elitista viene dado muchas veces por el halo de “pionero” en un ecosistema extremadamente joven, y si hay alguna adquisición ocasional de este grupo, como en la meritocracia del Mundo Real, mantiene la ficción de la movilidad social de la red.

Los blogers “de mérito” se reúnen a repetirse lo buenos que son, se encuentran imbuidos de su propia ideología legitimadora, se enlazan, se citan, le lanzan entre sí unos memes que deberán rebotar en muchas paredes hasta caer a la base. Son conscientes, en definitiva, de pertenecer a una “clase”. Parece, al