No quería pasar por alto en estos días tan señalados, el 75 aniversario de la proclamación en esta ingrata nación nuestra, de la II República (el sábado 22 de abril a las 18:30 hay una manifestación convocada pidiendo la III). El 14 de Abril significó muchas cosas no solo un cambio de régimen político. El hecho de ver las calles de tantas ciudades y pueblos de España, llenas de ciudadanos celebrando la nueva situación, no hace sino constatar la ilusión y las esperanzas que el nuevo régimen provocó en los ciudadanos españoles. Esperanza es la palabra clave, esperanza que tenían la clase trabajadora por ver consolidados sus derechos más básicos como un salario justo, derecho a la sanidad, vacaciones remuneradas, establecimiento efectivo de la jornada laboral a 40 horas semanales, derecho a la sindicación libre, acceso de la mujer al mercado laboral fuera de las tareas domesticas, participación activa en la vida política de la nueva República, avance de la igualdad social por medio de una redistribución de la riqueza económica equitativa, etc.
Esperanza de todos los ciudadanos de ver reconocidos sus derechos naturales, como son la libertad (de todo tipo), el acceso de toda la sociedad a una educación laica, pública, gratuita, que impulse el progreso en todas las ciencias y que sobretodo consolide, mediante una educación basada en el respeto y la libertad, los valores de democracia, libertad, ciudadanía y solidaridad entre todos los ciudadanos de la república. El acceso de toda la sociedad a la rica cultura española y universal en cualquiera de sus formas: literatura, teatro, cine, música clásica, música regional, monumentos, fotografías, pintura, escultura, deporte, etc. Esperanza por ver mejoras materiales en todo el país las cuales den mejor calidad de vida a los ciudadanos, mejoras como: viviendas dignas para todos, mayor articulación del territorio por medio de una mejora en las infraestructuras viarias, urbanización de muchos pueblos y barrios, establecimientos de puestos de salud cercanos a los núcleos de población, agua corriente en todos los lugares así como electricidad, etc. Esperanza por ver el progreso del modelo político al ver la separación definitiva de Iglesia y Estado, es decir la separación de una esfera privada de la esfera pública. Esperanza por vivir en una República que como dice su Constitución, renuncia a la guerra como instrumento de política nacional (Art. 6) y acatará las normas universales del Derecho internacional (Art. 7), vivir en una República integrada en el ámbito internacional fomentando los contactos económicos y culturales entre ciudadanos de distintos países y regiones. Esperanza de vivir en una República que respeta las diferencias de todo tipo en las regiones que puedan existir en su interior siempre y cuando no dificulten la igualdad económica, social o política de los ciudadanos de la República. Reconocer que estas diferencias, si son positivas, vienen a enriquecer a la República y no serán elementos, que manipulados por una clase dominante, enfrenten a ciudadanos de la República. La esperanza de vivir en una República que reconozca la igualdad entre sexos y que por lo tanto conceda a la mujer el acceso a todos sus derechos como ser humano ( Art. 25 y siguientes) y a su derecho electoral de elegir y ser elegidas, a magistradas/os y como magistradas de la República ( Art. 36). Esperanza de vivir bajo un régimen que protege toda la cultura, no solo la que tiene que ver con la religión católica, y que fomenta el acceso a todos los ciudadanos a esa cultura y a las expresiones culturales que desarrollen los ciudadanos( Art. 45, 48 y 50). La esperanza sobretodo de ver que por fin y de una forma consolidada que la soberanía reside en todos los ciudadanos y no solo en la Iglesia, la nobleza, los militares, terratenientes y en la alta burguesía financiera.
Quiero dejar claro una cuestión muy importante, el 14 de Abril,
como todo hecho histórico, no es un hecho espontáneo, hay que mirar ese día con perspectiva. Esa esperanza de la que hablo no brotó de forma abrupta el 14 de Abril, esa esperanza de cambio en los ámbitos que he señalado de forma somera más arriba, nacen por lo menos en este país desde 1808-1812. Si se puede sacar una conclusión del siglo XIX español, esa sería la historia de una frustración c