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Comandante del porrito.

Abril 20th, 2005

Calamaro

Andrés Calamaro, uno de los más grandes de todos los tiempos, se las ha visto con la justicia y los guardianes de la moral que "lo mismo le parece ser travesti o asesino" le han acusado de:

“violación de la Ley de Estupefacientes” que prevé hasta seis años de cárcel para quien “difundiera públicamente el uso de drogas o indujera a otros a consumir”. En el concierto, celebrado en 1994 ante más de cien mil espectadores, el ex componente de Los Rodríguez dijo “Me estoy sintiendo tan a gusto que me fumaría un porrito”. Días después, un grupo de padres solicitaba el procesamiento del artista al considerar que estas expresiones instigaban al consumo de drogas.

Andrés al final ha sido absuelto y ha vuelto a los escenarios. Esta vez, el esclavo se escapó.

Aquí os dejo el desarrollo del juicio de la mano de rockandweb. No tiene desperdicio.

[Mas:]

Dulce condena

A pocas horas de volver a tocar en Buenos Aires después de casi seis años, Andrés Calamaro se presentó en La Plata... frente al Tribunal Oral de lo Penal Federal Número Uno.
Matías Peluffo (desde La Plata)

Andrés Calamaro, de nacionalidad argentina, de cuarenta y cuatro años de edad, estado civil casado, fue absuelto en juicio oral por la causa abierta en noviembre de 1994, cuando en la celebración del aniversario de La Plata comentó la frase "estoy tan a gusto que me fumaría un porrito". A partir de entonces comenzó un ciclo que incluyó la apertura del debate social alrededor del tema del consumo de drogas. Y quizá dentro de algunos años podamos pensar a este hecho como una bisagra que elevó la mirada popular sobre un rito fundamental en las costumbres de los jóvenes argentinos.

Dicen que aquí no podemos hacerlo...

Al mediodía, en La Plata, el sol brilla y pega fuerte. No hay ninguna nube sobre el horizonte y se puede percibir un calor un tanto elevado para la época del año. Es un día tan lindo como para fumarse un porrito. En la entrada del edificio de 8 y 50 hay periodistas de todos los medios nacionales y un centenar de jóvenes fans que están ansiosos por ver llegar al Comandante Porrito. En eso llega una camioneta de la policía de la que bajan a un chico esposado que se horroriza con el circo mediático. De repente aparece Albino Stefanuolo, conocido como el abogado del rock desde la época en la que tramitó los papeles de inmigración de Luca Prodan; los periodistas forman un enjambre alrededor de él. Mientras, Andrés espera en una camioneta a dos cuadras del juzgado, acompañado por un chofer, un grandote que es especialista en seguridad en recitales y una rubia. El primer intento por entrar al edificio fracasa y la camioneta tiene que acelerar y perderse en la esquina. Algunos periodistas se van a la otra cuadra, para ver si entra por otra puerta y se despeja un poco la entrada. En la segunda oportunidad la camioneta sube rápidamente la vereda y Andrés entra al juzgado, entre apretujones y demostraciones de cariño.

En la sala donde se va a desarrollar el juicio oral la jueza que preside el Tribunal reta a los periodistas por el ruido y les pide que no transmitan en directo porque puede terminar anulando el juicio. Ningún canal de TV le hace caso. Los dos jueces que la flanquean lucen serenos. Uno tiene el pelo largo, barba, ojos claros... casi aspecto de rocker. El otro parece un tano recién bajado del barco. El fiscal es uno de esos hombres que no aceptan la calvicie y se dejan crecer las últimas chapas. Es músico. Andrés Calamaro luce tranquilo, sonriente. Viste jeans, zapatos y una camisa violeta, en cuyo bolsillo guarda un Camel 10. Susurra palabras al oído de Stefanuolo, tapándose la boca y toma un sorbo de agua de un vaso de plástico con el borde sucio que le sirvió un policía de civil. Después deja el vaso casi lleno y toma de la aristocrática copa de cristal del juzgado que dispusieron para su abogado.

El abogado que lo denunció no se presentó, aduciendo "obligaciones laborales". Uno de los testigos falleció y hay un testigo que espera en una sala apartada. Después de darse lectura a los motivos por los cuales se inició la causa, la jueza que preside el tribunal le pide a Calamaro que se siente en una silla frente a ella. Se produce un diálogo:

- Disculpe todas estas incomodidades...

- Está bien.

- Señor Calamaro, dígame su nombre y apellido completo.

- Andrés Calamaro.

- En el pasaporte figura con otro nombre ¿se ha agregado un apellido?

- En el pasaporte figuro como Andrés Calamaro Macel...

- ¿Y en los documentos argentinos?

- Como Andrés Calamaro.

- ¿Tiene algún sobrenombre o apodo?

- No.

- Estado civil.

- Casado.

- De profesión... músico. Nacionalidad, bueno... argentino y español.

- Sí.

- Lugar y fecha de nacimiento.

- En Buenos Aires, Capital, un 22 de agosto de 1961.

- ¿Su domicilio actual?

- En Madrid Calle del Pez número 6.

- ¿Cuánto tiempo hace que vive ahí?

- (Una pausa) Y hace... nueve años.

- Bueno, tengo que preguntarle cuáles son sus condiciones de vida. ¿Usted tiene algún tipo de familiar a cargo? ¿Señora, hijos?

- No, no tengo hijos. Tengo hermanos.

- ¿Su señora vive con usted?

- Si.

- ¿Usted mantiene a su señora?

- Si.

- ¿Con lo que gana le alcanza?

- Si.

- El nombre de su padre.

- Eduardo Saúl.

- Su mamá.

- Esther.

- Estado civil de ellos.

- Casados.

- Y la profesión de cada uno.

- Abogado, es mi viejo. Y kinesióloga y dentista, mi mamá.

- ¿Hasta que nivel estudio?

- Tengo el secundario terminado.

- ¿Me recuerda el número de su DNI?

- 14 millones 689 mil 610.

- Además de ésta ¿ha tenido alguna otra causa penal por cualquier motivo?

- (pequeña pausa) No.

- ¿Por qué piensa?

- (otra pausa) Que yo recuerde no (risas en la sala; hasta en el rostro de la jueza).

- Formalmente le pregunto ¿va a prestar declaración?

- No, no voy a hacerlo.

Después se presentó el testigo. Un hombre de unos cincuenta años, ojos claros, canas. Ante las preguntas del fiscal, dice que "ha pasado mucho tiempo, pero palabras más, palabras menos (risas en la sala, reto de la jueza, "esto no es una jarana... es un juicio!") Calamaro dijo que linda noche para fumarse un porrito. Lo único que recuerdo es eso."

- ¿Usted vio a jóvenes bailando de un modo violento? ¿Conoce lo que le pasó al grupo La Portuaria? (le habían tirado un par de envases de cerveza, rompiendo una viola).

- Lo único que recuerdo es que Calamaro se quiso comunicar con la gente para aplacar un poco los ánimos, que no eran de los mejores.

Después la jueza le pregunta por la frase.

"Yo lo escuché después eso. No esa noche".

Cuando se retira, Calamaro lo mira a los ojos y le suelta un "muchas gracias".

Tras eso, habla el fiscal. Le pide a Calamaro disculpas de la justicia por el tiempo transcurrido y por "una verdad que huye". Y se explaya: "Fue un recital multitudinario. No s'w si tiene recuerdos Calamaro, pero se dice que en la plaza había cien mil personas. Y quién conozca mínimamente de recitales sabe que no es fácil dominar un público que en algún momento tradujo una expresión de violencia inusitada. No tengo dudas de que así fueron las cosas y que lo importante fue evitar una tragedia(...) no se intentó hacer que otras personas consuman. Pero por la trascendencia que tuvo, es el deseo del Ministerio Público que en el exitoso futuro que tiene en ciernes, no reitere este tipo de expresiones, más allá de que se conviertan en pautas culturales. Entiendo a la expresión inadecuada, pero no es delito". Para culminar pide la absolución.

En el turno de Joe Stefanuolo, se dirige a los jueces y agradece a la prensa en nombre de Andrés por el buen trato que tuvo la causa. También reconoce el punto de vista al fiscal. Menciona el caso Mostacchio (por el cual la Corte Suprema considera que no puede haber condena si no hay acusación del fiscal), pero pide por la libre convicción en la resolución del caso. Subraya el hecho de que lo más importante era que el recital termine en paz. "Cien mil personas en la calle a las que se les pide que se vayan... podría haber terminado en un baño de sangre". También menciona que Andrés Calamaro había usado una remera en apoyo al grupo Virus en la que se leía la frase "Yo también tengo Sida". "Luchar por la no discriminación hubiese merecido el reconocimiento de los políticos de turno. En este caso, los políticos de turno, le regalaron una causa y terminó procesado. Por eso pido que se lo absuelva y que se deje a salvo el buen nombre del que goza y que gozaba, aún a pesar de este proceso. Evitar una tragedia y luchar para no discriminar son dos banderas de Calamaro".

Los inocentes somos culpables siempre...

Después de treinta minutos de intervalo la jueza dictaminó la absolución de culpa y cargo por el delito de preconizar o difundir el uso de estupefacientes. Los periodistas se abalanzaron sobre Calamaro que solamente mencionó las palabras "No recomiendo el uso de las drogas a los jóvenes. Gracias por todo. Hay que seguir luchando".

Y así terminó la causa número 501, la cual obligó a Andrés Calamaro a pedir permiso para salir del país e incluyó un embargo en sus propiedades. Es un litigio record: casi once años generando gasto de dinero y tiempo para terminar de absolver a El Cantante. Además, el Salmón es la única persona que llegó al juicio oral por el delito de precognizar. Un fiel ejemplo de la manera de trabajar de la justicia argentina.

Ya nadie siente culpa por decir que le gustaría fumarse un porrito. Y hasta en el Vaticano hay fumata por estos días...

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